Corazón inundado (pero en la mano)

El corazón, como las calles, también se inunda. Y, como tantas otras veces, la lluvia no es la principal causante.

Y el viento traiciona. El viento, que suele ser impulso, se convierte en huracán, arrastrando todo aquello que encuentra en el día a día (o en la noche a noche). El viento, como Judas.

Querida noche (o querido Judas):

¿Por qué te disfrazas?

Por qué juegas con la luz del día, haciendo de ella una noche. Por qué  cada paso que distingo lo borras antes de llegar a la calle. Por qué hay entradas disfrazadas de salidas y salidas jugando a ser entradas; por qué dejas de ser para convertirte en algo que no eres.

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