Buen fotoperiodismo —o cómo romper las barreras de la mediocridad—


No solo el fotoperiodismo está en crisis; el periodismo en su totalidad, también. Años atrás, antes de que Internet invadiera el mundo de la inmediatez para nombrarse líder, existía gran número de revistas enfocadas —y nunca mejor dicho— en la fotografía. Pero no en la que vemos hoy en día, sino en la de verdad; donde se disparaba más con el corazón que con la razón. O directamente se utilizaban ambos recursos, que a día de hoy ya parece mucho.


Hoy el fotoperiodismo está más vivo que nunca, pero hay que saber verlo. Porque, pese a tener más facilidades tecnológicas —y menos guerra— los medios no son los adecuados. Ni sabemos ver, ni nos enseñan cómo. Y tampoco nos dejan. El exceso de imágenes dramáticas, que algunos de los fotoperiodistas de la old school sigan en la carretera, que falten pies de foto… En definitiva, en la actualidad, una imagen no vale más que mil palabras. Creemos y queremos pensar que sí, pero hay que saber acogerse a la verdad del no.


Una vez superado el reto, resulta frustrante y superficial ver la realidad. Y, aunque muchas veces resulte más fácil girar el rostro hacia otro lado, la ignorancia no debe ser colectiva. Por este mismo motivo, es necesario matizar: los medios no son una mercancía. Tampoco un instrumento político al servicio de los grandes poderes financieros. Si servimos a los anunciantes, en vez de a la ciudadanía, ¿dónde queda nuestra credibilidad? Y, si todos los periodistas informamos del mismo sinsentido, ¿dónde queda nuestra capacidad crítica?


El buen fotoperiodismo es —o era— creativo, y rompía las barreras de la mediocridad. Dice Pepe Baeza que «el retrato de una estrella de Hollywood se paga más que un reportaje en el que su autor se juega la vida». Y no me extraña. Cría cuervos y te sacarán los ojos…

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3 Comments

  1. Has ocasiones en que siento que la estupidez y el consumismo (el segundo siempre requiere de la primera), imperan en nuestros días. La mentalidad crítica parece perdida. Pero entonces me detengo a pensar, ¿no será que la estupidez siempre ha sido pandemia, sólo que ahora es más fácil difundirla y de tanta difusión se ha tornado en normalidad y hasta en tema del cual presumir? Quizás la única diferencia es que ahora somos más. Los medios suelen terminar vendidos al mejor postor, y el mejor postor actualmente está enfocado en que consumamos y nos consumemos. Lo que tranquiliza es que si buscamos algo que valga la pena, lo encontraremos tarde o temprano. Simplemente no hay que dejarse llevar por la corriente.

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