Tú no atas; tú desencadenas

Me fui a tu encuentro;

no te encontraba nunca.

Te busqué por la duda,

por la incertidumbre,

pero jamás el misterio

te envolvió con su halo de certeza.

Tú nunca puedes dudar.

Tú buscas el sentido

dentro del sinsentido.

Y entonces me abrazas,

y toda la vida que cabe

en nuestro mundo

(que es mi mundo),

pierde su norte

mientras traza su dirección.

Tú eres ruta insegura,

camino insaciable hacia el querer.

Ese querer querer que altamente

deseo para poder caer,

ese deseo de querer que quieras

quererme ante el temor de no

volver a ascender.

Y es que tú no atas;

tú desencadenas.

A cada paso,

a cada gesto,

un ave vuelve a volar,

un clavo se desclava,

y un otoño vuelve a florecer.

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Corazón de otoño

¿Transcurren las estaciones,

o es el viento de otoño

(en mí marchito siempre),

el que reside?

¿Sucede la poesía,

o son solo versos silenciosos,

los que susurran a gritos

las palabras que mi boca no grita?

Música para poetas

Bajo este otoño ya marchitado,
tienen frío los ojos que ya no buscas.

Las hojas ya resecas
tiritan al contacto de tus manos,

y aquél viento que antes nos susurraba,

tiñe ahora las aceras con su silencio.

¿Transcurren las estaciones,
o es el tiempo,
clavado como un beso,
el que reside?

Carta a una amiga

(Para una buena amiga)

No fue hasta hace un par de semanas, mientras consolaba desesperada e inútilmente todos los desconsolados, amargos e incesantes llantos de desamor —si es que se le puede llamar así, ya que sigue enamorada —, de una amiga, cuando me di cuenta de que hay algo que es, está y estará, de algún modo u otro, siempre presente en nuestra vida.

Y es que, a veces, ya sea por falta de cariño, amistad, confianza o incluso del propio amor, dos personas se ven forzadas a separar sus destinos, a pesar de no poder ni siquiera imaginarse el uno sin el otro; aun cuando incluso comparten una única y misma meta: la 3ª persona de un pronombre personal en plural.       Y esto, al parecer, es lo que le ocurrió, le ocurre, y le seguirá ocurriendo a mi amiga.               Esta me dice que no es que no encuentre (ni los busca, porque ya sabe que los tiene), mil y un motivos para continuar, sino que ese problema tan presente y simple al mismo tiempo, pero que, a pesar de todo, tanto les afecta, es capaz de poner incluso en duda su relación, cuando aquí lo único indudable es su amor. 

Ante semejante situación, me vi obligada a aprender la moraleja que después de tantos engaños y desengaños todavía no había conseguido aplicar en mi vida; y es que a veces es indudable el hecho de que una persona nos quiere, pero ese mismo hecho se transforma en duda en cuanto no saben cómo quererte. Y esto, señores, no puede ser. Si ese amor ha sido (y es) capaz de sobrepasar a la propia razón de ser, es obvio que también hay que superar todos aquellos obstáculos que lo empujan hacia el “no-ser”.

Así que, querida amiga, ahí va mi pequeño consejo: vive; a más no poder, y hazle frente a todos aquellos impedimentos que os impiden ser como habéis sido, sois, y siempre seréis.

Segunda reflexión (tras un largo día de lluvia)

Cómo me gusta la libreta saturada de garabatos, y cómo me aterroriza el folio en blanco; el saber perder el norte, el no poder olvidar la carretera.

Y cómo me gusta sentir que siento a la libertad en el pecho, percibir que es mía, aunque no lo sea en todo momento.

Cómo me gusta ser, aún sabiendo que soy menos.

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