Segunda reflexión (tras un largo día de lluvia)

Cómo me gusta la libreta saturada de garabatos, y cómo me aterroriza el folio en blanco; el saber perder el norte, el no poder olvidar la carretera.

Y cómo me gusta sentir que siento a la libertad en el pecho, percibir que es mía, aunque no lo sea en todo momento.

Cómo me gusta ser, aún sabiendo que soy menos.

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La carretera

 

Y es aquí,

mientras recorro carreteras infinitas,

donde el recuerdo me envuelve con sus alas del presente.

Cómo querer olvidar lo que un día fue.

( Y ya no es).

Y el recuerdo parece querer evocar a la memoria,

querer querer de nuevo aquello que una vez se quiso.

(Pero ya se fue).

 

Ve(r)sos

Neruda también escribe esta noche.

Los dos escribimos los versos más tristes;

pensamos que te sentimos,

sentimos que no te tenemos,

que te hemos perdido.

Queremos querer sentir que los dos te quisimos,

y versar al verso,

y olvidar al olvido.

Y de pronto, tú, porque sí.

Tú y yo,

escuchando cómo cae la noche, inmensa,

entre nuestros brazos.

Y tu voz me toca,

y las palabras se hacen viento.

Y te desvaneces conmigo;

nos desvanecemos.

Y es aquí, donde cobran más sentido que nunca los ve(r)sos.

2016-08-09 (2)

La niña de arena

El sol, el mar, una niña y su castillo de arena. 

La niña ríe, la niña juega sin saber, construye su castillo de arena paso a paso, con paciencia, y vuelve a empezar, una y otra vez. Y no se rinde, a pesar de los constantes golpes del mar, que le recuerda quién es.

Ahora supongamos que somos arena, arte, y que el mar es la vida, proclamándose desastre. 

Y digo arte, y digo desastre, porque, qué bonito es poder moldear tanto nuestra vida como la de los demás, el saber reconstruirse, cambiar de estrategia, luchar contra vientos y mareas que borran huellas (o al menos lo intentan).

Y es que el desastre es vida,

y qué bonito desastre eres, vida.